Coaching y Habilidades Cognitivas

El otro día hablé vía email con una amiga suiza y le pregunté si iba a venir a España al Congreso de la European Mentoring and Coaching Council en Bilbao este mes de noviembre. También le comenté que iba a hacer un taller sobre “Coaching las Habilidades Cognitivas.”  “Ya sabes” le dije “Piensa mejor y acertarás”.
Su resupuesta fue interesante y, creo, bastante común en el ámbito actual de “EQ al poder”. “A mis alumnos del MBA aquí en Suiza”, me dijo “les vendría bien pensar menos y sentir más. Están todos encaminados hacia el queme con sus motores sobrerrevolucionados. Pensar es lo último que necesitan.”
Lo que estaba expresando es un error muy común, fruto, creo, de algunas maneras positivistas de organizar las ciencias sociales y luego
propagada más allá en tiempos recientes con algunas de las nociones más peregrinas de la “inteligencia emocional”. La idea es que
“emocional” y “racional” son mutuamente incompatibles, idea que, tristemente, algunas interpretaciones de la “neurociencia”
han tendido a fomentar.

Pensar, Sentir y Hacer

Hace ya mucho tiempo que Antonio de Damaso en su “Error de Déscartes” dejó muy claro que las emociones tienen un aspecto fisiológico. Y
tampoco es que fuera ninguna novedad en aquel entonces. Viene a ser algo tan sencillo como que sentir es algo que haces. Pero también es
evidente que hacer es algo que sientes y que la sensibilidad para discernir y evaluar es fundamental para gestionar cualquier actuación. Es decir no solo que sentir es algo que haces sino que hacer es algo que requiere sentir. También es evidente que pensar es algo que haces y que cualquier hacer se beneficia de pensarse.
Pero ¿que pasa con sentir y pensar? ¿Con “lo emocional” y “lo racional”? ¿Tan diferentes son? Creo que no. Un momento de reflexión es suficiente para notar, por ejemplo, que “considerar” algo y “concluir” sobre ello son procesos diferentes y que
requieren sentir. De hecho pensar en algo y evaluarlo es imposible sin sentir. Por otra parte sentir, en el sentido humano de emociones o sentimiento, es imposible sin pensar. Es un hecho, por más que algunos afirmen que las emociones son “respuestas universales no aprendidas”, una realidad constatable por cualquier persona en su
propia experiencia que la manera en que piensa sobre lo que está sintiendo puede cambiar, y de hecho cambia, ese propio sentir. Es casi una perogrullada, si te sientes activado/ a y piensas “aha muy bien, estoy emocionado/a porque voy a una fiesta” te llevará en una dirección muy diferente que si piensas “jo, otra vez me estoy poniendo nervioso/a por los exámenes”.
Algunas personas dirán que no, que eso es una cuestión de hechos objetivos, que una fiesta y un exámen son cosas muy diferentes. Y claro que lo son. Pero lo son en gran medida por el significado que construimos en torno a ello. Es muy fácil hacer la prueba: quizá quede un tanto
extraño, pero si cambiamos la manera de pensar en ambos casos “aha, muy bien, estoy emocionado/a porque voy a un exámen” y “jo otra
vez me etoy poniendo nervioso/a por la fiesta”. ¿Qué ocurre?
Bueno, primero, esto refleja directamente la experiencia de algunas personas – hay personas que esperan con ilusión ciertos exámenes y
que temen las fiestas – y segundo, demuestra la imposibilidad de sentir una cosa u otra sin pensar. Tercero, y quizá lo más significativo, es que un niño pequeño que no sabe nada ni de fiestas ni de exámenes ( y por tanto no piensa en ellos) dificilmente iba a sentir gran cosa con respecto a uno u otro acontecimiento.
Pensar y sentir son inseparables en este sentido y también en otro. La posibilidad de pensar el sentir de antemano. Muchas personas gestionan mal los conflictos y los sentires llamados negativos (miedo, aburrimiento, agobio, hastío, inseguridad) porque no los
incluyen en su manera de planificar. Pensar el sentir, con las herramientas adecuadas, permite utilizar los sentimientos y emociones
“negativas” para hacer lo que hacemos mejor los seres humanos: aprender.

Más no es mejor

Parte de la dificultad que expresaba mi amiga es que pensar es algo que la mayoría de las personas hacen de forma habitual (quiere decir no
como habilidad). Por eso mismo la idea de “pensar mejor” parece un tanto absurdo o difícil de imaginar de forma realista. La idea de
“pensar mejor” suena bien a nivel abstracto pero un tanto distante y difusa. Lo que normalmente hacen las personas con la idea de “pensar mejor” es imaginar hacer lo que ya hacen, pero más. Y es que un hábito, por definición, no puede hacerse mejor. Se hace y punto. Se puede hacer más (por ejemplo más frecuentemente) o se puede hacer menos, pero no mejor. Por eso esas personas, cuando piensan en “pensar mejor” imaginan hacer lo que ya hacen … pero más o con más intensidad. Y, claro, les suena pesado o horrible, como el caso de los pobres chicos del MBA de mi amiga. Pero pensar mejor es, necesariamente una cuestión de habilidad – no de hábito o “competencia”.
Si pensamos un momento en el ejemplo de conducir, esto se hace algo más claro. Muchas personas saben conducir de forma más o menos adecuada para circular por las carreteras. Sin embargo nadie pensaría que pasar horas al volante sea una buena manera de aprender a conducir mejor. De forma análoga con el pensar, no se trata de repetir los mismos hábitos de pensar sino de mejorar el proceso.
Claro está que cualquier comportamiento que se va a repetir va a tener que repetirse de alguna manera y hábito – o “competencia” si se
prefiere – es una de las principales maneras que tenemos de repetir las cosas. Pero no es la única. Podemos también repetir las cosas
con habilidad. Al respecto de esto y a pesar de lo que muchos opinan, pensar no es algo innato (como tampoco lo es la “inteligencia”). Es una habilidad compleja y, por tanto, puede ser desarrollada. Una de las maneras de desarrollarla es mediante el proceso de intervención modelado en DBM como “coaching”. No afirmo que se pueda hacer con cualquiera de las múltiples actividades subsumidas bajo el epígrafe de “coaching”. Pero con Coaching Efectivo con Modelado si.

La Clave está en el Modelado

Mi amiga tiene razón en algo. Realmente hacer coaching en habilidades de pensar sería implanteable sin una metodlogía precisa y completa
como la Developmental Behavioural Modelling (DBM ®) En sus más de viente años de existencia, la metodología DBM ® ha
sido aplicada sistemática y rigurosamente a muchas de las actividades centrales de los seres humanos. Uno de ellos es el
pensar. Partiendo de la base de que pensar, siendo una de las actividades que nos definen o consitutyen como humanos, es un proceso
dinámico en vías de evolución, tanto biológica como socialmente hablando, el modelo fractal de pensar de DBM ® utiliza 81
distinciones de proceso, relacionadas entre si e integradas, cada una de las que se puede utilizar para desarrollar habilidades.
Claro que el coach que cuenta con formación DBM ® juega con una ventaja enorme: puede trabajar de forma directa y seria cuestiones que de otra manera son materia de especulación, misterio, mito, metáfora y bastante mágia: incluso en ámbitos en los que se afirma valorar lo
científico.
Tim Ingarfield