Ser consciente y manejar con flexibilidad y dirección lo que hagas – mientras lo estás haciendo – es fundamental para poder mejorar. 

En todo lo que hacemos, desde cocinar, conducir, tocar un instrumento, hacer una presentación, hasta cosas más complejas como llevar a cabo un proyecto, ayudar a nuestros hijos a aprender o formar y solucionar problemas – en todo ello – si no somos novatos del todo, tendremos un nivel de competencia “natural”, un nivel en que podemos operar “sin pensárnoslo”.

Como es lógico, esto variará, de persona en persona y de caso en caso. Pero sea cual sea el nivel que tengamos, el mundo y la vida suelen encargarse de presentarnos con retos y dificultades que nos lleven más allá de lo que nos es naturalmente fácil, situaciones en las que no disponemos de recursos, experiencia, práctica o “talento natural” suficientes para responder de forma natural. 

También es posible que queramos desarrollar nuestras habilidades por deseo o interés propio.

En esos momentos – lo que a veces se describe metafóricamente (pero sin mucho acierto) como “salir de la zona de confort” – es especialmente importante haber desarrollado habilidades de autogestión y disponer de una forma sistemática de entender y organizar nuestra actividad.

Probablemente la habilidad “transversal” por excelencia, la autogestión está presente en todo lo que hacemos con propósito. Es una habilidad compleja que tiene que ver con coordinar y supervisar de forma continua la manera en que expresamos y creamos valor y significado a través de lo que hacemos.

Tanto para poder responder ante los retos de la vida como aprender y desarrollarnos a partir de los reveses que a veces experimentamos como también para poder aprovechar al máximo las oportunidades que encontremos esta habilidad resulta de suma importancia.

aprender  y desarrollar habilidades reales

Existe mucha confusión en cuanto al significado del término “habilidad” y, por tanto, cómo aprender y desarrollar las habilidades.

En muchos círculos se enseñan técnicas y procedimientos como “habilidades”; de modo que la formación en, por ejemplo “habilidades directivas” acaba siendo la presentación y práctica en serie de diferentes prescripciones de qué hacer en diferentes situaciones con comportamientos tipo y repetición y aclaración hasta “dominar” la técnica en cuestión.

De este modo se enseña que para conseguir resultado “r” hay que seguir pasos “x y z”. Si el resultado “r” en cuestión es algo más bien técnico – como puede ser operar una máquina o realizar una operación estadística estandarizada, esta forma de proceder puede ser idóneo. Las personas que aprenden de esta manera acabarán pudiendo realizar la operación, técnica etc. con una variación mínima.

Sin embargo, habilidad no tiene que ver con ejecutar operaciones con una variación mínima sino que , todo lo contrario, tiene que ver con variar: supervisar y evaluar de forma precisa la situacion real, elegir las mejores maneras de responder y variar los comportamientos de acuerdo con el valor, significado, y posibilidades reales de las personas involucradas.

Aprender a hacer esto, ir más allá de una competencia estática a un nivel de habilidad dinámica requiere aprender de una forma muy diferente. La didáctica tradicional con prácticas – aunque que sea más o menos divertida o participativa – no resulta efectiva ni eficiente para aprender habilidades y, de hecho, puede resultar muy contraproducente y acabar en prácticas excesivamente mecánicas y dogma.

El aprendizaje auténticamente experiencialorganizado con DBM,  en cambio, resulta ideal para aprender habilidades dinámicas efectivas y a la vez abiertas al desarrollo