Ser es, necesariamente, ser relacionado. La forma principal que tenemos de poder influir en nuestras relaciones es comunicándonos. A diferencia de lo que mantienen algunas personas no nos estamos comunicando permanentemente. Estaremos, eso sí, emitiendo información y también estaremos en situación de captar información. Pero eso no es lo mismo que comunicar para ello hemos de poder crear y captar significados. Y eso requiere, a su vez atención, comprensión y organización, no meramente movernos, hablar, ver y oir. Comunicar tampoco es cuestión solo de “dar”. Es igual de importante saber cuestionar, dudar y comprender que afirmar, expresar y presentar con claridad. Comunicarse es una habilidad compleja que va más allá de las recetas de costumbre.

Y, por supuesto, a la hora de comunicarse el propio uso del lenguaje es muy importante. Más que las palabras que tenemos disponibles, está la cuestión de cómo hacemos uso del lenguaje para organizar, para investigar, para activiar, para sugerir, para cuestionar, para planificar y muchas cosas más. Tenemos la gran fortuna de contar con el modelado que se ha hecho con DBM del uso de lenguaje. Es un instrumento de gran precisión y envergadura que permite una gran comprensión del poder no de las propias palabras en si (no es allí donde se encuentra el poder) sino en el lenguaje ampliamente entendido como sistema dinámico.

Comunicar y los diferentes comportamientos comunicativos, entre ellos: informar, decir, afirmar, preguntar, cuestionar, dirigir, instruir, sugerir, y un lárguísimo etcétera es un componente explícito e implícito en toda nuestra formación en la que los participantes sacarán gran provecho del modelado detallado del proceso de comunicación que se ha hecho con la metodología DBM ®.

aprender y desarrollar  habilidades reales

Existe mucha confusión en cuanto al significado del término “habilidad” y, por tanto, cómo aprender y desarrollar las habilidades.

En muchos círculos se enseñan técnicas y procedimientos como “habilidades”; de modo que la formación en, por ejemplo “habilidades directivas” acaba siendo la presentación y práctica en serie de diferentes prescripciones de qué hacer en diferentes situaciones con comportamientos tipo y repetición y aclaración hasta “dominar” la técnica en cuestión.

De este modo se enseña que para conseguir resultado “r” hay que seguir pasos “x y z”. Si el resultado “r” en cuestión es algo más bien técnico – como puede ser operar una máquina o realizar una operación estadística estandarizada, esta forma de proceder puede ser idóneo. Las personas que aprenden de esta manera acabarán pudiendo realizar la operación, técnica etc. con una variación mínima.

Sin embargo, habilidad no tiene que ver con ejecutar operaciones con una variación mínima sino que , todo lo contrario, tiene que ver con variar: supervisar y evaluar de forma precisa la situacion real, elegir las mejores maneras de responder y variar los comportamientos de acuerdo con el valor, significado, y posibilidades reales de las personas involucradas.

Aprender a hacer esto, ir más allá de una competencia estática a un nivel de habilidad dinámica requiere aprender de una forma muy diferente. La didáctica tradicional con prácticas – aunque que sea más o menos divertida o participativa – no resulta efectiva ni eficiente para aprender habilidades y, de hecho, puede resultar muy contraproducente y acabar en prácticas excesivamente mecánicas y dogma.

El aprendizaje auténticamente experiencial organizado con DBM,  en cambio, resulta ideal para aprender habilidades dinámicas efectivas y a la vez abiertas al desarrollo