Esta noción – la de “vivir en un mundo lingüístico” me sedujo cuando era estudiante. Me sedujo por lo iconoclasta, por lo contundente, incluso – irónicamente – por lo “digital”. Me acuerdo todavía de una noción especialmente seductora del Profesor Raymond Williams en uno de sus seminarios sobre la lingüística – “el lenguaje constituye al ser humano”. Suena muy bien eso.Otros han dicho cosas parecidas . Tanto es así que va siendo un lugar común. Uno que encontré en Wikipedia hablando del coaching “ontológico” reza “el lenguaje es sobre otras cosas lo que hace de los seres humanos el tipo particular de seres que somos. Somos seres que vivimos en el lenguaje. Somos seres sociales. No hay lugar fuera del lenguaje desde el cual podamos observar nuestra existencia.”

Pues a primera vista, parece plausible. Nosotros hablamos, usamos el lenguaje. ¿Acaso hablan los otros animales? Bueno – a lo mejor los delfines… y las ballenas. ¿Usan lenguaje? pués las abejas quizás …y siempre se están buscando – y encontrando – cosas nuevas de los chimpancés y los bonobos pero no, es cierto que hablar, lo que se dice hablar, como nosotros hablamos – ninguno.

Pero la verdad es que hay unas cuantas cosas que nosotros hacemos que los otros animales no hacen – ni de forma rudimentaria. Por ejemplo medir objetivamente o imaginar o recordar intencionadamente (y es que hay ciertos calificadores – o, de hecho, calidades – de comportamiento que parecen exclusivamente humanas).

Pero vamos a dejar eso correr y centrarnos en la cuestión de ¿qué actividad nos distingue de los demás animales por excelencia? Podríamos sacar algunos ejemplos muy significativos más allá del lenguaje. Uno muy interesante es esto: que los seres humanos claramente no somos el único animal que hace uso de las herramientas. Pero si somos la única especie que utiliza las herramientas para hacer herramientas.

Y esto no es trivial, puesto que una de esas herramientas es, precisamente, el lenguaje. Otra, curiosamente, es el pensamiento. Se pueden entender (que, por cierto, no es una actividad lingüística aunque muchas veces utilizamos el lenguaje para ello) los dos como herramientas que utilizamos para construir el significado. Pero también utilizamos el sentir – ay, los sentimientos son fundamentales en nuestro acervo creativo.

Claro que esto no es mucho más que repetir una idea más o menos constructivista (no radical) de como hacemos nuestro mundo – o nuestras representaciones de ello.

Que seamos seres que “vivimos en el lenguaje” también es bastante cuestionable. Una vez más resulta plausible. Miras a tu alrededor y (a no ser que estés en una zona muy desconocida) probablemente puedes dar un nombre a todo lo que ves. Es más, una parte de lo que recuerdas e imaginas lo harás con el lenguaje. Es más todavía, mucho de la interacción que haces con el mundo y con otras personas se puede describir en términos de procesos y los procesos tienen nombres – luego son lingüísticos, ¿no? Pues creo que no. Un pingüino tiene nombre pero no es lingüístico. Lo que es lingüístico es su nombre, su etiqueta. Y, por parafrasear al Obispo Berkeley si un pingüino se cae en la antártida y nadie lo ve ni lo oye – ni lo nombra – sigue siendo un pingüino. Aquí no estoy entrando en la cuestión Saussuriana de signos, significados y significantes, solo afirmo que el mero hecho de que algo pueda nombrarse no lo convierte en un fenómeno lingüístico.

No vivimos en el lenguaje ni en un mundo exclusivamente (ni principalmente) lingüístico por una muy sencilla razón: hay aspectos de nuestra experiencia – muchas de ellas – que no pueden expresarse mediante el lenguaje. El lenguaje tiene su utilidad, claro que la tiene – y mucha – pero no lo es todo ni muchísimo menos.

Todo se hace tremendamente claro si adoptamos una perspectiva dinámica y de desarrollo. Y los dos son fundamentales para la práctica efectiva de un coaching que realmente vaya a hacer diferencia.

Y claro cualquier proceso de intervención – en este caso de coaching – que pretenda basarse exclusiva (o incluso principalmente) en el lenguaje correrá el riesgo de estar entre limitado y directamente irrelevante. Me explicaré en más detalle en el siguiente post.