Como organismos vivos que somos, respondemos ante las diferencias y la experiencia de diferencia nos es fundamental.

Sin embargo, ¡no todas las diferencias son iguales! Algunas son similares a otras y otras son – pues eso – ¡diferentes! Algunas se mantienen y perduran más tiempo, otras son efímeras.

El proceso de organizar nuestra experiencia de diferencia (y, por consiguiente, ¡la similitud!) tiene diferentes nombres según en qué aspecto estamos enfocados. Dos de ellos son Cambio y Transiciones.

Una dificultad que encuentran muchas personas a la hora de gestionar sus transiciones en la vida es que confunden cambio con diferencia. Pero son diferentes.

Probablemente,  todo el mundo tiene la experiencia de que «todo es diferente pero nada ha cambiado».

Es muy notable la cantidad de tópicos, medias verdades y asunciones sin cuestionar que se oyen en torno a la cuestión del cambio. Aprender, en profundidad, a manejarse con el cambio y las transiciones es la segunda de las habilidades clave para personas que aspiran a desarrollarse y facilitar el desarrollo humano de verdad.

Cambio y «no cambio»

Si somos como la mayoría de la gente, tendremos la noción de que lo contrario del cambio es no cambiar, es decir permanecer igual o fijo. Parte de esta forma de pensar incluye la idea de que las personas naturalmente «permanecen iguales» o «no cambian» y, por la razón que sea, prefieren esta situación estática a otra cosa y, por lo tanto, son por naturaleza «resistentes al cambio».

Esta noción es, por supuesto, consistente con lo que vemos a nuestro alrededor o por lo menos lo aparenta. Construimos cosas y esas cosas permanecen construidas. Ponemos el freno de mano y el coche no se mueve. Podemos confiar en que los muebles de nuestras habitaciones no desaparezcan se desintegren espontanea y repentinamente, al menos en circunstancias normales.

Así que cuando la gente en general, los equipos o las empresas vienen a pensar en el cambio, se fijan e incluso se entusiasman mucho con lo que va a ser diferente, pero no con lo que va a seguir siendo igual. De hecho, tienden a ignorar lo que va a permanecer igual, porque, ¿por qué molestarse? Permanecer igual es el valor por defecto, ¿no? Es cuando quieres que las cosas sean diferentes tienes que tienes que hacer un esfuerzo, no cuando quieres que permanezcan igual. Es en la diferencia donde tienes que poner tu atención. Allí y, por supuesto, en toda esa «resistencia al cambio» que hay que «superar».

Gran error! Y es, además, uno que la gente «compra» todo el tiempo. Se llegan incluso a escribir libros de gran éxito de ventas basados en este error. Esto no es un problema, por supuesto, excepto cuando la gente espera seriamente que las cosas funcionen de esta manera y luego acaba sobresaltada y presa de una gran frustración cuando dichas cosas resultan no funcionar de la manera prevista.

Diferencia y Cambio

Un gran problema (y uno bastante común) es confundir la diferencia y el cambio. En un sentido, es lógico hacerlo. Cuando decimos «las cosas han cambiado» y «las cosas son diferentes» podríamos estar diciendo lo mismo. Pero es sólo un ejemplo más de cómo el lenguaje puede hacernos trampas. Puede haber solapamiento en los significados de “cambio” y “diferencia”. Pero también pueden ser bastante distintos. Para que podamos decir que algo ha cambiado, necesita no sólo ser diferente, sino permanecer diferente (y permanecer consistentemente diferente) por algún tiempo. En otras palabras, la diferencia debe estabilizarse, al menos hasta cierto punto. Por supuesto, para que eso sea reconocible y permanecer reconocible a lo largo del tiempo, tendrá que mantenerse o sostenerse. Y ese mantenerse es, en si,  un tipo de cambio. En realidad, es probablemente el tipo de cambio más común y sin duda el más constantemente pasado por alto.

Tomemos mi barba como un simple ejemplo. Me gusta llevar una barba corta pero mi barba crece naturalmente. Así que tengo que recortarla de vez en cuando. No es un gran esfuerzo pero si no lo hago, no tendré una barba reconocible, al menos no del estilo que prefiero. La estética de la barba es un pequeño ejemplo entre miles de posibilidades. Desde respirar, dormir, comer y beber hasta la higiene, la limpieza del hogar y la jardinería, hay, claro está, innumerables actividades humanas que implican el cambio pero que tienen como objetivo producir  resultado cero: una igualdad de estado. En biología, el principio involucrado en esto  es la homeostasis (que significa, literalmente, «permanecer igual» en griego).

En las empresas, es evidente que el mantenimiento de una cuota de mercado, un nivel de valor de las acciones o el resultado final de un balance no va a suceder sin un esfuerzo dedicado considerable. Otros ejemplos obvios del mismo principio incluyen mantener a un grupo de amigos, mantener una vida social activa y, a un nivel más profundo, mantener un nivel de significado, propósito, felicidad, pertenencia o bienestar en nuestra vida. En este sentido, no todo el mundo comparte los mismos valores, pero todo el mundo tiene un sentido de valor. El contenido puede variar pero el hecho es invariable.

Tengamos la idea que tengamos del mundo esta no será nunca “correcta”. Hay varias razones para esto pero una muy importante se menciona arriba: el mundo es dinámico y las maneras de las personas de entender y responder al mundo son también dinámicas y en constante movimiento. Hacer un seguimiento de los acontecimientos obviamente requiere una actualización constante. Pero también es evidente que mantener actitudes y opiniones y maneras de entender las cosas frente a acontecimientos aleatorios, los intereses de otras personas, los accidentes y la evidencia de la evidencia contraria a lo contrario (o a favor pero diferente) también requiere un esfuerzo considerable. Tanto es así, de hecho, que esas mismas personas que son acusadas de resistirse al cambio son a menudo en realidad participar en el cambio con más frecuencia que los que los acusan!

Así que la facilidad con el cambio y las transiciones bien puede empezar con un sentido de la amplia variedad de tipos de cambio que hay, no intentar meterlos todos en el mismo saco.