Una segunda habilidad fundamental para personas que trabajan o que aspiran a trabajar con personas, es, creo, la facilidad con el cambio y las transciones.

Es otra habilidad de la que muchos hablan pero no tantos llegan si quiera a entender y mucho menos a manejar.

Como seres dinámicos y organismos biológicos que somos, estamos en constante cambio, más bien en constante transición. Nos es imposible parar y seguir vivos. Pero no todo cambio es del mismo tipo. Ni es, en absoluto tratarlo como si lo fuera.

Primero – y aunque vaya en contra de algunas nociones populares y algo simplistas – cambiar no tiene que ver únicamente con lo que es – o va a ser, diferente. Eso es “diferir”. Irónica pero significativamente, conseguir que las cosas sigan siendo iguales – mantenimiento – es un tipo de cambio. Es, además el más común y el más comunmente pasado por alto.

En muchas situaciones de cambio personal y organizacional, que he visto se ha cometido el doble error de emocionarse mucho con – y enfatizar demasiado – todo lo que va a ser diferente sin tomar el tiempo de identificar lo que ya está funcionando bien – posiblemente en segundo plano – para incluirlo. Aunque parezca contraintuitivo, nada se mantiene sin algun tipo de esfuerzo. Cuanto más consciente se haga dicho esfuerzo más se puede incliur en la gestion global. Ignorarlo o actuar como si no existiera es casi garantizar resultados decepcionantes o directamente disfuncionales.

Cambio de mantenimiento por una parte, remediar situaciones por otra, desarrollar nuevas maneras de responder a situaciones, añadir elementos totalmente nuevos, son , todo ellos, diferentes ejemplos de tipos de cambio que guardan una relación específica entre si. Resulta clave para trabajar con personas poder organizar el cambio desde una comprensión práctica de ello.