Core Skills ¿las cosas claras y el chocolate espeso? Gestionar la Confusión

Core Skills para Personas que Trabajan con Personas

Trabajar con personas es gratificante y en un sentido muy profundo muy merecedor de la pena de hacerse. En mi opinión entender, en detalle, a las personas es lo más importante que podemos hacer y trabajar con personas de lo más significativo que se puede hacer. Pero creo que es un cometido al que conviene acercarse de forma sobria, y tomárselo muy en serio. Es algo que nunca se aprende del todo y que reeuires de una metodología a la altura de la complejidad de la tarea.

En Changes (th) At Work pretendemos proporcionar las herramientas y habilidades más útiles para las personas que trabajan con personas. Varios aspectos de nuestra formación la distingue claramente de otras aproximaciones.  Por una parte, es presencial y experiencial (lo cual no es lo mismo que “vivencial” o “learning by doing” como explicaremos en otra parte) Este apecto permite, entre otras cosas, adaptarla a la particularidad específica de cada participante y, además , que se pueda aprender y desarrollar habilidades en profundidad. Esto es muy diferente que la oferta típica de procedimientos, técnicas y “competencias”. El resultado es que los participantes cuenten con un conjunto de habilidades nucleares (“core skills”) que les serán de gran utilidad para la eficacia y el desarrollo personales y profesionales. Pero ¿de qué habilidades estamos hablando? Aquí presentamos algunas de las más importantes y por qué son importantes.

Core Skills para Personas que Trabajan con Personas – Gestionar la Confusión

Aprendizaje experiencial – cuando complicarse la vida no es complicarse la vida sino enriquecerla.

Otra de los mal llamados malos sentimientos que nos acechan por el camino de crear conocimiento y aprender es la confusión. Muy relacionada con la sensación de ignorancia que hemos explorado antes, la confusión tiene más que ver con no saber suficiente para poder concluir. E irrita – vaya si irrita – a mucha gente.

Al avanzar en el descubrimiento siempre tenemos la posibilidad de no continuar, de dejarlo correr, de volver a lo que ya sabemos. En cierto sentido, la vida de antes siempre era más sencillo. Después del evento es fácil ver por donde iban los tiros cuesta más saber por donde van ahora o por donde van a ir. Y es que repetir lo que ya sabes hacer siempre es más fácil que aprender o hacer algo nuevo.

Como comida pre-cocinada o los viajes organizados, lo que ya conocemos siempre está a mano y siempre resulta tentador y cómodo echarle mano. Y en muchos casos esto tiene toda la lógica del mundo. Se puede perder mucho tiempo innecesariamente reinventando la rueda o la sopa de ajo. Pero no siempre es apropiado. Cuando estamos ante una situación o cliente nuevos, es decir, cuando estamos. por lo menos en potencia, aprendiendo de la experiencia, puede ser de vital importancia no encubrir los huecos en nuestro conocimiento con ilusiones y nociones plausibles pero no certeros.

Suponiendo que  estamos realmente investigando o explorando algo significativo Supongamos también que conseguimos responder apropiadamente ante esa otra dificultad que hemos mencionado en otro articulo : la incomodidad que sentimos al no saber. Supongamos que estamos haciendo lo que planteamos en ese mismo articulo: estamos gestionando esa incomodidad, identificamos claramente y en detalle lo que sabemos y lo que no y notamos que saber lo no sabemos es algo más que sabemos. Aún así, nos puede aguardar otra incomodidad, relacionada pero sutilmente distinta y para muchas personas más difícil de manejar: la incomodidad que produce la confusión.

Vaya por delante que tanto el no saber como la confusión tienen que ser incómodos. Es decir es apropiado que lo sean. Si no lo fueran no cumplirían su función. El que sean incómodos nos mantiene en marcha. El turco entonces no está en acomodarse a ellos. No se trata de no sentir la incomodidad. Si hiciésemos eso, nos cargaríamos gran parte de la motivación de descubrir y de comprender más. Se trata más bien de poder hacer uso de esa incomodidad, de utilizarla conscientemente a efectos de investigar y aprender mejor. Como quien hace uso de la incomodidad muscular para medir y organizar su forma física y fuerza haciendo pesas en el gimnasio, sabiendo que hay un grado de incomodidad que indica que está desarrollando más muscular o resistencia y otro que indica que se está pasando podemos hacer uso de   muchos tipos de incomodidad para mejorar nuestra capacidad de aprender.

En la Formación y Aprendizaje

Llevo bastante tiempo como profesional de la educación y la formación, entre otras cosas. Lo he hecho con contenidos muy variados, desde lo más puramente académico, pasando por idiomas y deportes a habilidades de pensar, comunicar, gestionar, y facilitar el cambio y en contextos de lo más variopinto desde aulas universitarias, empresas de todo tipo y tamaño y congresos internacionales a campamentos de verano, asociaciones de vecinos y colegios mayores y menores. Llegue hace mucho tiempo a la obviedad que en la realidad nadie “enseña” nada a nadie. Más que nada porque no es posible. Los que se puede hacer es crear las condiciones para que ocurra el aprendizaje, condiciones que pueden incluir fomentar el aprendizaje activo o por lo contrario una seguimiento más pasivo seguimiento.

Y cuanto más activo sea el aprendizaje por lo general mejores serán los resultados pero también más confusión se tenderá a sentir. Aquí una aclaración. A lo que me estoy refiriendo con confusión aquí es la sensación que casi inevitablemente va aparejado con estar con dos o más posibles maneras de entender algo. Cuando estamos recogiendo información sobre una situación problemática o desconocida y lo hacemos bien, habrá múltiples opciones, diferentes ideas o hipótesis sobre las que todavía no tenemos evidencia suficiente o experiencia suficiente para poder determinar. La sensación que acompaña esto es incómoda y es muy importante que lo sea. Pero si vamos a llegar a conclusiones útiles y certeras va a ser necesario pasar por allí e incluso quedarse un rato. Casi todo el mundo tiene experiencias en las que pasar más tiempo recogiendo activamente información sobre un problema ha contribuido muy positivamente a la calidad de la solución.

Y habrá quien dice al leer esto, “que no, hombre para eso están los expertos y los investigadores para hacer todo ese trabajo para que tu solo tengas que aplicar lo que ellos han inventado. No te compliques la vida.” Y es cierto…si hablamos de cuestiones mecánicas o nociones teóricas. Si quieres dominar una técnica para construir muebles o incluso sintetizar una molécula determinada es posiblemente la mejor manera de proceder. Sin embargo, si quieres trabajar con personas con toda la variación, creatividad e impredecibilidad que eso entraña, puede ser desastrosa como manera de proceder. De hecho una de las principales dificultades que enfrentamos en la enseñanza universitaria en esos momentos es precisamente la tendencia a traspasar las conclusiones ya hechas por expertos e investigadores sin dejar espacio para el aprendizaje de las propias habilidades de investigar, aclarar y concluir con la gestión “emocional” que eso conlleva.

Una conclusión es un producto, como el chocolate. Concluir es un proceso, como lo es clarificar. Dar demasiados productos puede debilitar el aprendizaje de proceso. “Las cosas claras y el chocolate espeso” reza el refrán. Pero las coas claras son el producto del proceso de aclarar. Y ese proceso, de aclarar, empieza con las cosas bien espesas. El proceso de aclarar dará como resultado la claridad si reconocemos la confusión para lo que es indicación de que – todavía – los diferentes elementos y aspectos de algo que estamos queriendo entender no han convergido en una comprensión coherente, cohesivo y completo. Pero no indica que esté mal lo que estamos haciendo ni es motivo de abandonar. Espero que resulte evidente que no estoy diciendo que sentir confusión sea bueno en si no que generar artificialmente la confusión pueda jugar un papel útil en el proceso de formación. Pero demasiados participantes en diferentes cursos y, sobre todo, demasiados docentes le tienen miedo y justo cuando aparece una cierta confusión indicando que los estudiantes está realmente yendo más allá en su conocimiento, dan la respuesta, más bien dan su respuesta o su explicación. No vaya a ser que los alumnos esté incómodos y lo puntuen mal.

¿Las Cosas Espesas y el Chocolate Claro? 

Esto es dificultar el proceso de investigar y gestionar problemas que tan importante resuta en el mundo actual. Y lo es por tres motivos muy importantes: primero porque en la vida “real” nadie aparece para dar la respuesta “correcta”, segundo por que fomenta la tendencia a buscar “expertos” con respuestas en vez de utilizar la propia experiencia para crear nuevo conocimiento y tercero porque así se aprende a responder pasivamente ante la incomodidad en vez de utilizar los sentimientos. Quizá de demasiado poca práctica, y de recibir demasiado “chocolate”, por así decirlo, no se desarrolla la capacidad de gestionar la confusión y de aclarar las cosas por nuestros propios medios. En ese caso nos volvemos dependientes de conclusiones ya formadas. Nos volvemos,en cierto sentido, adictos al chocolate.

¿Alguna duda?

Curiosamente, se habla mucho de gestionar el “stress” pero muy poco de gestionar la confusión.

Y eso es una pena porque gestionar la confusión (o la duda que va estrechamente relacionado con ella) es una de las habilidades que más conviene dominar si se quiere llegar mínimamente más allá de lo más machacona y mediocremente corriente.

Está claro que, como hemos mencionado “gestionar” no quiere decir “quitar del medio” ni “hacer que desaparezca”. Todo lo contrario, es utilizar la duda. Más bien tiene que ver con dosificar, “hacer uso óptimo de”. La sensación de confusión es una de estas experiencias (y hay muchas de ellas) que – siendo incómoda – es, aún así, muy útil. Y su utilidad reside precisamente en lo incómoda.

Me explico. Cuando tienes una manera establecida (e idealmente comprobada y testada) de hacer las cosas – no hay confusión. Todo lo contrario, va acompañado, más bien, de una sensación de comodidad.

Como comentamos arriba, la confusión es lo que ocurre cuando tienes más de una posible manera de hacer las cosas – pero aún no lo tienes claro cual es mejor. Es incómoda. Y, repetimos, es importante que lo sea. Cuando tienes además de tu manera “de siempre” de hacer algo, una nueva manera en ciernes, es importante, muy importante disponer de tiempo para comprobar, conseguir evidencia, verificar (y también “falsar”). Pero es difícil. En cierto sentido es un conflicto: Las voces empiezan “¿En qué quedamos?” “Venga, dí ¿si y no?” “aclárate”. Y allí el mito de “lo resolutivo” también hace su cosa. “El ejecutivo (o la ejecutiva, pues los mitos no reconocen ni sexos ni género) moderno no duda, es “resolutivo/a”

Porque, claro, dudar tiene muy mala prensa. Además no hace bonito.

Bonito tal vez no, pero es algo que es inevitable. Ocurre cuando estamos en vías de establecer nuevas prioridades o nuevas maneras de hacer. Y no dura para siempre. Pero resulta curioso la cantidad de profesionales – y otras personas – que no solo no lo quieren sentir sino que piensan que es negativo dudar Especialmente cuando no saben hacerlo pero esa cuestión es para otro momento. Luego solo falta que el felizólogo de turno te diga que “no dudes” y que “sientas lo que sientas ¡adelante!y la ineficacia está casi garantizada y posiblemente algo mucho peor.

Y es que gestionar la confusión y lo que es similar, gestionar la duda, gestionar – por decirlo de una forma mas corriente – la incertidumbre no es imponer una certidumbre ficticia (algo muy practicado por los políticos que cuentan con la credulidad casi infantil del electorado). Tampoco lo es dar media vuelta cuando encuentras confusión. Resulta curioso constatar los muchos ejemplos de personas y organizaciones comprometidos, comprometidísimos con el aprendizaje que a nada que empiezan a sentir cierta confusión, en vez de tomarlo como evidencia de que efectivamente están empezando a aprender algo nuevo, lo toman como evidencia de que algo va mal y hay que “aclarar las cosas” y salir de dudas. Y es allí donde lo meramente plausible se cuela como definitivo. De eso viven muchos medios de comunicación “on y off-line”: de pronunciar lo plausible con autoridad suficiente para que se acepte como el caso.

No saber gestionar la confusión nos vuelve más crédulos y más inclinados a fiarnos de cualquier pronunciamiento plausible y realizado con claridad y contundencia.. El productor ruso de televisión Piotr Pomerantsev en su libro “Nothing is True Everything is Possible” (creo que no se ha traducido al castellano todavía describe algo de los intringulis de la post verdad y Rusia. Con un público más capaz de investigar por sus propios medios ciertos aspectos muy cuestionables de la vida publica actual tanto en Rusia como en el resto del mundo, serían más difíciles de mantener.

En resumen, el proceso de aclarar las cosas no empieza con las cosas claras – sino es allí donde termina. Es un proceso mediante algo no claro de inicio se va clarificando. No se puede clarificar algo que ya está claro. El miedo a no tener las cosas siempre claras acaba impidiendo que investiguemos los espesores. Saber seguir con las cosas abiertas y las preguntas sin contestar el tiempo necesario para poder llegar a conclusiones útiles es algo fundamental en el proceso de construir conocimiento fidedigno, creíble y útil.

Aprender a gestionar la confusión y la incertidumbre es otra de las habilidades clave para las personas que trabajan con personas de forma efectiva. Una de las mejores formas de aprender a hacerlo es participando en una formación de aprendizaje experiencial como es la formación con base DBM ®.

2018-06-13T18:54:47+00:00
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