Core Skills para Personas que Trabajan con Personas

Trabajar con personas es gratificante y, en un sentido muy profundo, muy merecedor de la pena de hacerse. En mi opinión entender, en detalle, a las personas es lo más importante que podemos hacer y trabajar con personas de lo más significativo que se puede hacer. Pero creo que es un cometido al que conviene acercarse de forma sobria, y tomárselo muy en serio. Es algo que nunca se aprende del todo y que reeuires de una metodología a la altura de la complejidad de la tarea.

En Changes (th) At Work pretendemos proporcionar las herramientas y habilidades más útiles para las personas que trabajan con personas. Varios aspectos de nuestra formación la distingue claramente de otras aproximaciones.  Por una parte, es presencial y experiencial (lo cual no es lo mismo que “vivencial” o “learning by doing” como explicaremos en otra parte) Este apecto permite, entre otras cosas, adaptarla a la particularidad específica de cada participante y, además , que se pueda aprender y desarrollar habilidades en profundidad. Esto es muy diferente que la oferta típica de procedimientos, técnicas y “competencias”. El resultado es que los participantes cuenten con un conjunto de habilidades nucleares (“core skills”) que les serán de gran utilidad para la eficacia y el desarrollo personales y profesionales. Pero ¿de qué habilidades estamos hablando? Aquí presentamos algunas de las más importantes y por qué son importantes.

Core Skills para Personas que Trabajan con Personas – Gestionar la Sobrecarga

Too much! ¡Demasiado! C’est trop pour moi! Zu viel!

Desde las ya un poco trasnochadas nociones de “gestión del tiempo” hasta los consejos “reinventados” de “ultra-productividad personal” y “life hacks” abundan las descripciones de la sobrecarga y qué hacer al respecto. Y es que somos limitados o, por lo menos, eso parece. Y cuando estamos aprendiendo, cuando estamos creando comprensión una sensación muy frecuente es la de miedo a la sobre-carga. Esto es, esto va siendo o esto va a ser demasiado.

Si entendemos la respuesta de “miedo” en un sentido amplio como una respuesta ante los peligros o amenazas percibidos y si entendemos que el sentido de amenaza puede incluir las amenazas a nuestra estabilidad o amenazas a nuestro bienestar, entonces hay muchos sentimientos de “echarse para atrás”, de resistencia o reticencia a acometer ciertas actividades que útilmente pueden considerarse como respuestas “tipo miedo”.

Digo “respuestas tipo miedo” porque, más que intentar definir las emociones como “cosas” que “son” de cierta manera u otra (con referencias más o menos peregrinas sobre el sistema límbico y “lo que la neurociencia nos dice”), creo que es bastante útil considerar lo que tienen en común estas respuestas que tienen que ver con identificar algo (una persona, una actividad, un acontecimiento, una tarea…) como un peligro o amenaza.

De todos los miedos entendidos de esta manera – especialmente los menos comúnmente reconocidos como miedos y muy frecuentes en la experiencia diaria – el miedo a la sobrecarga es uno de los más comunes e impactantes.

Tiene o, mejor dicho, le dan muchos nombres y descripciones: “saturación”, “agobio”, “complicarse”, “esto se me escapa”, “me viene grande”, “es la obra del escorial”….

La estructura es relativamente sencilla. Mucha información “suelta” o aparentemente inconexa entra en nuestra atención al mismo tiempo. Si es información irrelevante, es posible ignorarla. Pero si no lo es, ignorar es más difícil y es fácil que nos sentimos abrumados.

Las respuestas más comunes incluyen: negarlo, intentar ignorarlo, intentar buscar más información (irónicamente), disgregarlo en partes y atender parte por parte, “delegarlo”, estrés, entre otras. ¿Son apropiadas? Veamos. ¿Qué es lo que pasa aquí?

Límites a la Atención Consciente

Una investigación bastante bien documentada es la que hicieron Miller, Galanter y Pribram sobre la capacidad de atención consciente. Identificaron que hay límites en cuanto a lo que es posible atender conscientemente, límites que vienen descritos por lo que ellos llamaban el “número mágico” siete más / menos dos (Miller GA. “The magical number seven, plus or minus two: Some limits on our capacity for processing information”. Psychological Review. 1956;63:81–97).

Escuetamente y según estos estudios, nuestra capacidad de atención consciente se limitará a un máximo de 9 “items” o “trozos de información” (“chunks of information” en el original) en el mejor de los casos y unos 5 en el peor, siendo la tendencia la de asentarse en unos 7 (por eso se habla de “siete más/ menos dos”). Cuando estamos investigando algo nuevo (especialmente algo complejo), muy a menudo entramos en una fase en la que hay mucha información “suelta” e inconexa. Esto es especialmente el caso si hemos aprendido a recoger gran cantidad de información antes de organizarla y tendemos a pensar “objetivamente” sobre ella.

Lo que también notaron Miller et al. es que, a nada que agrupemos la información, el esfuerzo necesario para mantenerlo en la atención cambia. Se reduce y mucho. En esencia esto es lo que hacemos, por ejemplo, al agrupar la información en esquemas o líneas de tiempo cuando estudiamos.

Un Juego de Números

Una pequeña prueba. Si el lector lo intenta le resultará muy difícil memorizar la secuencia de cifras siguiente: 149162536496481100121. Se puede agrupar así, según la anotación standard como si fuera un número que se puede “decir” :  1.491.625.364.964.811.100.121 y posiblemente resulta un poco más fácil pero no mucho más entre otra cosas porque, más allá de los “billones con b “, la mayoría de las personas no tenemos facilidad para nombrar cantidades muy grandes. Sin embargo, si lo agrupamos así: 1, 4, 9, 16, 25, 36, 49, 64, 81, 100, 121, resultará mucho más fácil y si lo agrupamos así:  12, 22, 32, 42, 5,6,72,82,9,10,112, más fácil aún.

En este ejemplo, pasamos de 21 trozos de información a 8 y luego (a nada que reconozcamos la secuencia) a un solo trozo de información. Pero podemos recuperar toda la información presente. Es un ejemplo sencillo de estructurar la información de tal manera que podamos volver de la versión simplificada (un solo “trozo de información”) a la versión completa (21 números). Idealmente nuestras formas de simplificar las cosas siempre nos permitirían volver a recuperar la información original en caso de necesitarlo.

Es decir: ante la sobrecarga – estructurar es una buena respuesta.

Esto ocurre naturalmente en ciertas situaciones. Por ejemplo es lo que ocurre cuando pasamos una serie de luces parpadeando intermitentemente al lado de la carretera. Técnicamente, cada luz parpadeando es un acontecimiento aislado. Sin embargo lo que veremos es un solo movimiento continuo de iluminación como si la luz fuera corriendo de un extremo a otro.

En este caso la re-estructuración es automática. Reorganizamos casi de inmediato mucha (demasiada) información de diferentes luces en un movimiento más o menos fluido: algo parecido a lo que ocurre con los fotogramas de los dibujos animados.

Estructurar la información que tenemos nos permite tener un sentido global de ella y lo que posiblemente surja de ella. Además nos proporciona una manera de identificar posibles huecos e información que nos falta aún.

Y eso ¿cómo se hace? ¿Cómo se estructura la información intencionadamente? Hay muchas maneras, todas ellas ejemplos de modelar: agrupar, tabular, secuenciar, jerarquizar, crear rejillas y matrices…Los dibujos del “visual thinking” y su versión más tradicional “mind mapping” son ejemplos de ello. Lo que no es buena idea es intentar añadir más información buscando “la clave” que nos falta. Muchas personas lo hacen de forma casi automática y, claro, se acaban agobiando más – especialmente si tienen un sentido de prisa por terminar.

Una manera interesante de estructurar información que no se describe con tanta frecuencia es “colocarte en el asiento del conductor”. Esto es, literalmente, lo que ocurre cuando aprendemos a conducir. En la experiencia típica de la persona aprendiendo a conducir hay, inicialmente, una cantidad agobiante de nuevos elementos volante, embrague, freno, acelerador, palanca de cambio, tráfico, sonido del motor, lo que dice el instructor, lo que acaba de decir, lo que podría ocurrir…Rápidamente se rebasa el límite de 7 más/ menos 2 y comienzan las añadiduras “no entiendo nada”, “esto es muy complicado”, “no valgo para esto” “nunca aprenderé esto” cada uno ocupando su espacio y añadiendo al agobio generalizado incluso nuestros pies y manos pueden parecer más objetos despersonalizados.

La descripción puede ser más o menos exagerada pero expresa la esencia de lo que puede ocurrir cando tenemos mucha información objetiva (objetos de información) sin estructurar acumulado y dando vueltas. Ahora bien a nada que nos colocamos en el asiento del conductor y colocamos un pie sobre el embrague, apretamos hacia el suelo y levantamos, conectamos diferentes elementos – pie, pedal, en uno – el movimiento con cierta resistencia. Si lo coordinamos con el pie derecho apretando y soltando el acelerador, agarrar mover y soltar la palanca de cambio vamos construyendo estructuras más completas y más complejas con toda la información que tenemos. Una forma de describir esto es que nos colocamos en medio de la información y lo estructuramos mediante sentir las conexiones. A la hora de recoger información información de cualquier tipo sentir las conexiones a través nuestro nos da una forma de estructurar y notar hasta que punto es completa la información que tenemos y qué huecos hay. Es un aspecto importante de lo que se llama “pillar el tranquillo” y nos da un forma de poder comprobar la comprensión que tenemos y seguir avanzando sin quedarnos petrificado o agobiado por la cantidad de información nueva.

Esta y otras habilidades prácticas de recoger información forma parte del conjunto de habilidades centrales para personas que trabajan con personas reconociendo e incluyendo la complejidad y particularidad real de cada uno. Esta y muhas más en nuestra itineario de formación troncal.

2018-06-14T18:16:20+00:00